¿Existe un olor que aparece antes de morir? Esto es lo que explica la ciencia.

Algunas personas que acompañan a familiares durante una enfermedad avanzada aseguran haber notado un cambio extraño en su olor corporal o en el aliento durante los últimos días o semanas de vida. Hay quienes lo describen como un olor dulce, fuerte, ácido, metálico o simplemente distinto al habitual.

Con el tiempo, estas experiencias han dado origen a la expresión “olor de la muerte”, una idea que aparece con frecuencia en conversaciones, redes sociales y relatos populares.

Pero ¿realmente existe un olor capaz de anunciar que una persona está a punto de morir?

La respuesta es no, al menos no en el sentido de una señal universal y científicamente comprobada.

Lo que sí puede ocurrir es que una persona gravemente enferma experimente cambios en su metabolismo, respiración, piel, boca, alimentación, hidratación o funcionamiento de determinados órganos. Todos estos factores pueden modificar los olores que producen o desprenden el cuerpo.

No existe un olor único que anuncie la muerte

La ciencia no ha establecido un olor específico que aparezca en todas las personas justo antes del fallecimiento.

El cuerpo puede cambiar considerablemente cuando una enfermedad se encuentra en una etapa avanzada. Además, muchos de esos cambios pueden producirse también en personas que no están cerca de morir.

Entre las posibles causas de un olor diferente se encuentran:

* Alteraciones metabólicas.
* Deshidratación.
* Menor consumo de alimentos y líquidos.
* Problemas renales o hepáticos.
* Infecciones.
* Cambios en la higiene.
* Sequedad de la boca.
* Heridas o úlceras.
* Medicamentos.
* Permanecer mucho tiempo en cama.
* Cambios en las secreciones corporales.

Por eso, detectar un olor diferente no permite predecir por sí solo cuándo ocurrirá la muerte.

Cuando el metabolismo cambia, también puede cambiar el olor

En las etapas avanzadas de una enfermedad, algunas personas comen mucho menos de lo habitual. Cuando el organismo recibe pocos carbohidratos, puede comenzar a utilizar una mayor cantidad de grasa como fuente de energía.

Este proceso puede aumentar la producción de cuerpos cetónicos.

Algunas de estas sustancias pueden eliminarse a través de la respiración y generar un olor particular en el aliento, que algunas personas comparan con frutas maduras, acetona o un olor dulce.

Sin embargo, este fenómeno no es exclusivo de las personas que se encuentran al final de la vida.

También puede aparecer durante el ayuno prolongado, dietas muy bajas en carbohidratos y determinadas enfermedades metabólicas.

Un detalle importante

En una persona con diabetes, un aliento afrutado acompañado de vómitos, dolor abdominal, deshidratación, respiración anormal, somnolencia o confusión puede ser una señal de cetoacidosis diabética, una emergencia médica que requiere atención inmediata.

Por eso, nunca debe asumirse que un olor dulce en el aliento significa simplemente que la persona está muriendo.

Los riñones también pueden influir

Los riñones tienen una función esencial: ayudan a eliminar productos de desecho y regulan el equilibrio de líquidos y minerales del organismo.

Cuando existe una insuficiencia renal avanzada, determinadas sustancias pueden acumularse en la sangre. Esto puede producir cambios en el olor del aliento y, en algunos casos, generar una sensación que algunas personas describen como similar al amoníaco o a un olor muy fuerte.

Nuevamente, esto representa una posible consecuencia de una alteración importante del organismo, no una señal exclusiva del fallecimiento.

Las enfermedades del hígado pueden modificar el aliento

El hígado interviene en una enorme cantidad de procesos metabólicos. Cuando su funcionamiento está gravemente comprometido, pueden acumularse o aumentar determinados compuestos que llegan a influir en el olor del aliento.

En algunas personas con enfermedad hepática avanzada puede aparecer un olor característico conocido médicamente como fetor hepático.

Aunque puede ser un signo asociado a una enfermedad grave, tampoco permite determinar que una persona vaya a morir en un momento concreto.

La boca puede ser una fuente importante del cambio

Hay otro factor que fácilmente puede pasar desapercibido.

Una persona muy enferma puede dejar de comer y beber con normalidad. Como consecuencia, disminuye la producción de saliva y aparece sequedad en la boca.

En esas condiciones pueden aumentar determinados microorganismos y acumularse secreciones o residuos.

Todo ello puede modificar notablemente el olor del aliento.

Por eso, en cuidados paliativos, la higiene de la boca puede ser especialmente importante para mantener el bienestar y el confort del paciente.

La piel también puede adquirir un olor diferente

Los cambios no ocurren únicamente en el aliento.

Cuando una persona permanece en cama durante largos periodos, puede resultar más difícil mantener la higiene habitual. El sudor, la humedad, las secreciones, las heridas y las infecciones pueden contribuir a producir nuevos olores.

Una herida infectada o una úlcera por presión, por ejemplo, puede generar un olor intenso que requiere valoración por parte de profesionales sanitarios.

Por esta razón, un olor corporal nuevo no debería interpretarse automáticamente como una señal de muerte.

En determinadas circunstancias, incluso puede ser una pista de que existe un problema médico que necesita atención.

¿Qué ocurre con la circulación cerca del final de la vida?

Durante las últimas etapas de algunas enfermedades graves, la circulación puede deteriorarse.

El organismo puede redistribuir el flujo sanguíneo hacia órganos considerados esenciales. Como consecuencia, las extremidades pueden recibir menos sangre.

Pueden aparecer cambios como:

* Manos y pies fríos.
* Piel pálida o moteada.
* Cambios en la temperatura corporal.
* Debilidad extrema.
* Menor nivel de actividad.
* Alteraciones del estado de alerta.

Estos signos pueden aparecer durante el proceso de morir, pero tampoco permiten establecer con exactitud cuánto tiempo falta.

¿Por qué algunos cuidadores creen reconocer el olor?

Existe también una explicación relacionada con la percepción humana.

Las personas que cuidan durante mucho tiempo a un familiar pueden desarrollar una gran sensibilidad hacia sus cambios físicos. El olfato puede detectar pequeñas modificaciones que quizá antes pasaban desapercibidas.

Además, la memoria tiene un papel importante.

Si una persona ya ha acompañado a alguien durante sus últimos días y recuerda determinados olores asociados con aquella experiencia, puede reconocerlos posteriormente y relacionarlos con el final de la vida.

Esto no demuestra que exista un “olor universal de la muerte”. Significa que pueden coincidir cambios reales del organismo, experiencia previa, memoria y percepción personal.

¿Se puede saber cuánto tiempo falta por el olor?

No.

No existe una prueba científica que permita determinar, mediante el olor corporal o del aliento, si una persona morirá en unas horas, al día siguiente o semanas después.

Incluso cuando aparecen múltiples signos de deterioro, estimar exactamente el momento de la muerte puede ser difícil para los profesionales sanitarios.

Cada persona y cada enfermedad evolucionan de manera diferente.

Por eso, las afirmaciones del tipo “si aparece este olor, la persona morirá en 24 horas” no tienen una base científica sólida.

¿Cuándo debería preocupar un olor nuevo?

Si una persona gravemente enferma presenta un olor corporal o del aliento que cambia de manera repentina o se vuelve especialmente intenso, conviene comunicarlo al médico, enfermero o equipo de cuidados paliativos.

La causa podría ser algo que requiera tratamiento, como:

* Una infección.
* Una herida.
* Una úlcera por presión.
* Un problema en la boca.
* Deshidratación.
* Una alteración metabólica.
* Problemas relacionados con el funcionamiento de los riñones o el hígado.

Identificar la causa puede ayudar a mejorar los síntomas y, sobre todo, el confort de la persona.

Cómo ayudar a una persona durante el final de la vida

Cuando alguien se encuentra en cuidados paliativos, el objetivo no es solamente tratar enfermedades. También es importante proporcionar comodidad, tranquilidad y dignidad.

Algunas medidas pueden contribuir a conseguirlo:

Cuidar la higiene

La limpieza suave de la piel y el cambio de ropa y ropa de cama cuando sea necesario pueden ayudar a reducir olores y mejorar la comodidad.

Prestar atención a la boca

La higiene oral puede ser especialmente importante cuando la persona come y bebe poco. Mantener la boca y los labios cuidados puede aliviar la sensación de sequedad.

Mantener el ambiente ventilado

Una ventilación adecuada puede hacer que la habitación resulte más agradable y disminuir la concentración de determinados olores.

Vigilar heridas y secreciones

Cualquier cambio importante en una herida, secreción o lesión debe comunicarse al equipo sanitario.

Consultar cuando exista un cambio repentino

No es necesario intentar interpretar cada olor como una señal del final de la vida. Si aparece un cambio llamativo, lo más útil es preguntar a los profesionales que conocen el estado del paciente.

El cuerpo puede cambiar durante los últimos días

El final de la vida puede estar acompañado de múltiples modificaciones físicas. Algunas personas pueden experimentar mayor somnolencia, disminución del apetito, menor consumo de líquidos, debilidad intensa, cambios en la respiración, alteraciones de la circulación y reducción de la producción de orina.

Sin embargo, no todas las personas presentan los mismos signos.

Por eso, ningún síntoma aislado debe utilizarse como un reloj para calcular cuándo ocurrirá el fallecimiento.

¿Y las creencias sobre un olor relacionado con la muerte?

En distintas culturas existen relatos sobre aromas, sensaciones o cambios en el ambiente que supuestamente aparecen antes de una muerte.

Estas creencias pueden tener un significado emocional, cultural o espiritual para determinadas personas.

Desde el punto de vista científico, sin embargo, no existe evidencia sólida de que un olor sobrenatural pueda anunciar el fallecimiento.

Es posible respetar las creencias de cada familia y, al mismo tiempo, diferenciar esas interpretaciones de los fenómenos que cuentan con una explicación médica.

La verdadera explicación es mucho más compleja

La idea de un misterioso “olor de la muerte” resulta llamativa, pero la realidad es menos sencilla.

Una persona que atraviesa una enfermedad avanzada puede experimentar numerosos cambios simultáneamente. Su alimentación, hidratación, metabolismo, respiración, higiene, piel, boca y funcionamiento de órganos pueden modificar los olores que perciben quienes la rodean.

En algunos casos, estos cambios pueden hacerse más evidentes durante las últimas etapas de la vida. Pero ninguno constituye por sí solo una forma fiable de predecir la muerte.

Conclusión

El llamado “olor de la muerte” no es un fenómeno único ni una señal médica capaz de indicar que una persona está a punto de fallecer.

Los cambios de olor que algunas familias y cuidadores perciben pueden tener diferentes explicaciones relacionadas con el metabolismo, la hidratación, la alimentación, las enfermedades de órganos como el hígado o los riñones, las infecciones, la salud de la boca y las condiciones de la piel.

Si aparece un olor nuevo o muy intenso en una persona gravemente enferma, lo más recomendable es informar al equipo médico, en lugar de asumir que se trata de una señal inevitable de muerte.

Comprender estos cambios desde una perspectiva científica puede ayudar a reducir el miedo y evitar interpretaciones equivocadas. Y cuando una persona se encuentra al final de su vida, lo más importante no es buscar una señal misteriosa, sino ofrecerle atención, alivio, compañía y dignidad.